Calle Fusina, en un lateral del mercado del Born.
Ahí está el Café Kafka. Empiezas a andar desde la calle Comerç por la calle Fusina y te encuentras hasta 3 restaurantes antes de llegar: el Bestiari, el S’eating y el Arrel. Números 1, 3 y 5. Y después por fin, llegas al café Kafka en el número 7. ¿Cuántos se quedan en el camino?
Su aspecto exterior no es muy atractivo, nadie diría que hay un restaurante de no ser por el atril exterior con la carta. Desde fuera no se ve muy bien el interior, los cristales son oscuros y no invitan a entrar. Por dentro la decoración es fría, demasiado minimalista. Una antigua tabla de cambios de monedas “adorna” la pared de la entrada. Algún espejo, ventiladores industriales arriba. El frío además es literal y unas bombonas de butano lo intentan mitigar. Son techos altos y tanto minimalismo hace también que la temperatura ambiente sea algo gélida.

Entrada del kafka con menú en atril
Un detalle que no me gusta nada son los sillones. No te puedes reclinar, te caes hacia atrás. Y de vez en cuando apetece apoyar la espalda, la verdad.
Tampoco suele haber mucha gente. Y mucho mejor porque el camarero se colapsa con pocas mesas así que mejor no menearlo mucho. El estrés le rebaja la simpatía unos cuantos enteros aunque se lo disculpamos, pobre hombre. Le he visto días muy simpático y otros muy agrio.
Y ahí va la buena noticia: el menú, por 10,50€, vale la pena. Bien presentado, con su salsita, sus hojillas, sus especias espolvoreadas,… Cocina un poco tutti frutti pero buena, siempre he comido bien allí. Al César lo que es del César.
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