Archivos para la Categoría 'Comida Mediterránea'

Café Kafka: Frío por fuera, frío por dentro pero con fundamento

Calle Fusina, en un lateral del mercado del Born.
Ahí está el Café Kafka. Empiezas a andar desde la calle Comerç por la calle Fusina y te encuentras hasta 3 restaurantes antes de llegar: el Bestiari, el S’eating y el Arrel.  Números 1, 3 y 5. Y después por fin, llegas al café Kafka en el número 7.  ¿Cuántos se quedan en el camino?

Su aspecto exterior no es muy atractivo, nadie diría que hay un restaurante de no ser por el atril exterior con la carta.  Desde fuera no se ve muy bien el interior, los cristales son oscuros y no invitan a entrar. Por dentro la decoración es fría, demasiado minimalista. Una antigua tabla de cambios de monedas “adorna” la pared de la entrada. Algún espejo, ventiladores industriales arriba. El frío además es literal y  unas bombonas de butano lo intentan mitigar. Son techos altos y tanto minimalismo hace también que la temperatura ambiente sea algo gélida.

Entrada del kafka con menú en atril

Entrada del kafka con menú en atril

Un detalle que no me gusta nada son los sillones. No te puedes reclinar, te caes hacia atrás. Y de vez en cuando apetece apoyar la espalda, la verdad.

Tampoco suele haber mucha gente. Y mucho mejor porque el camarero se colapsa con pocas mesas así que mejor no menearlo mucho.  El estrés le rebaja la simpatía unos cuantos enteros aunque se lo disculpamos, pobre hombre. Le he visto días muy simpático y otros muy agrio.

Y ahí va la buena noticia: el menú, por 10,50€, vale la pena. Bien presentado, con su salsita, sus hojillas, sus especias espolvoreadas,…  Cocina un poco tutti frutti pero buena, siempre he comido bien allí.  Al César lo que es del César.

Gente de Pasta con Paco y Lola

Hacía tiempo que no íbamos al Gente de Pasta.  Somos gente de pasta con minúsculas, de spaguettis utilitarios, mucho queso e incluso en algún caso de los que piden cuchara. ¡Mamma mia!

El restaurant estaba decorado con unos lunares flamencos negros que chocaban con el minimalismo habitual del Gente de Pasta, tan blanquito y tan limpio siempre. Y por todo el local dos nombres escritos junto a la palabra Albariño: Paco y Lola.  ¿Ein?

Lunares de Paco y Lola

Lunares de Paco y Lola en el Gente de Pasta

El camarero nos explicó el qué: un mes antes se había presentado oficialmente en el Gente de Pasta el nuevo Albariño Paco y Lola, que dicho sea de paso no suena muy Rias Baixas pero vaya, la idea es que sea un blanco divertido, fresco, sorprendente,…en fin, el rollito que se lleva ahora.
Aquí las fotos de la presentación, a la que vino Javier Sardá y en la que se hicieron las típicas gilipolleces de estas presentaciones.

Hay que decir que la pasta la hacen muy bien. Con esa manía de poner enormes platillos volantes con poca chicha (por si no hubiera suficiente color blanco en el local) pero muy buena, con ese dente sabrosón.  Yo tomé unos spaguetti nero con sepia deliciosos y pude probar – gracias eric – unos linguine ricos ricos. En la carta sorprendía un tex mex “ligeramente picante” que tenía muy buena pinta.

Por otro lado estuvieron algo lentos. Quizás fue el concierto de Maná que nos chupamos entero que contagiaba al cocinero con sus baladas rock. Esperamos demasiado esta vez. Todavía no tengo claro si me jode más esperar al principio o entre el primer plato y el segundo, supongo que depende de si hay mucho pan en la mesa. En fin, que salvamos los muebles por 2 razones: 10€ todo incluido y un postre de chocolat para chuparse los dedos. Brutal.

Al Passatore (2): Zona de fumadores

Desde que se aprobó la ley del tabaco el fumador ha sido puesto en su sitio para unos o relegado a la condición de apestado para otros.  En el Passatore decidieron habilitar una zona de fumadores – tienen metros para ello – y reformaron el restaurante para dar cabida al fumeteo de menú.

Recuerdo que cuando hicieron las obras, seguían con el chiringuito abierto mientras los paletas ponían tocho sobre tocho. Camareros y paletas se cruzaban, bandeja abajo tocho arriba, fusionando aromas a pintura y queso. Infringían todo tipo de normativa de seguridad laboral y de higiene alimentaria, ¡seguro! Pero bueno, no iban a cerrar el local, ¿verdad?

La zona de fumadores está arriba y por lo menos uno tiene vistas desde ahí.  Aunque está un poco apretadita, tanto por arriba – techos bajos– como por los lados – muchas mesas para aprovechar la obra -.

Zulo para fumadores

Zulo para fumadores

Con el humo flotando en el ambiente y uno que va acostumbrándose a locales sin humo pues a priori no apetece mucho comer en un  privé fumeta en el que obviamente todos tienen ganas de fumar.  De todas formas, al oir la música de esa vajilla blanca que golpea las mesas uno se olvida de todo y sólo tiene fosas nasales para esos linguines y pennes alla arrabiata que todavía no saben decirme qué lleva.

Al Passatore

Linguine con guindilla ,ajo y aceite

Linguine con guindilla ,ajo y aceite

Al passatore es un clásico en el barrio.
Todo el mundo lo conoce.
Comer por 6,90€ un primero, segundo y postre, con bebida es hoy un imposible en el Born.

Así que, como siempre, está lleno. Gente que trabaja en el barrio y turistas, que también no le hacen ascos a un precio imbatible en un lugar imbatible, la plaça de les olles.

Primero, segundo y postre

Aparte de la pizza napolitana, que es su especialidad, para empezar siempre ensalada y pastas varias. Hoy teníamos penne y linguine. He tomado unos linguines (tallarines) picantillos, con ajo y guindilla. Bien. Es curioso lo que les encanta la nata en este sitio. No es que esté mal pero a todo le ponen nata, es algo enfermizo lo de la pasta con nata.

De segundo bistec a la plancha, otra carne y un pescado.  Hoy, salmón con limón, demasiado limón. Los pescados no suelen ser buenos pero no se puede pedir peras al olmo.

Y de postres, pues un festival de color. Tartas, helados, flan, yogur,… lo típico. Mel i mató he pedido. Te traen esa jarrilla de miel para una tableta de requesón con mucho re y poco quesón. Nunca mais.
Curioso también que nunca tienen fruta, nunca.

Para beber hemos pedido agua y vino, no en vano es el día del vino. Por supuesto es un vino de mesa.  Me encanta este eufemismo. No le vas a llamar vino de mielda.

Y esto ha sido todo por hoy.  Otro día volveremos.  Siempre volvemos al passatore.  Y siempre habrá más cosas que contar. Hoy lo justito para abrir boca.

Ah, y un detalle muy típico del Passatore y de los menús en general: su asombrosa capacidad para llenarlos de faltas de ortografía. Tengo que preguntárselo un día sin ser borde: ¿Quién coño escribe los menús?