Hoy nos alejamos un poco de territorio born. Cruzamos Via laietana hasta el Bocatta de la plaza Sant Jaume en el día del solitario. Dentro, al grito de !Atún-pimiento! se ponen las pilas en la cocina y en un plis plas rueda mi bocata por una de las lanzaderas metálicas que caen hacia la zona del mostrador.
En los pocos minutos que tarda en llegar ya me han servido la Coca-cola de turno, una bolsa de patatas o ensalada para acompañar y me han cobrado unos 7-8€ por el clásico menú del Bocatta.
El bocadillo de toda la vida servido como fast food pero con más variedad y elaboración. El concepto ya es viejo, como surgido de una reivindicación nacional frente al “macmenu imperialista”. Pero no deja de ser un fast food. Todo te lo recuerda: la cocina es igual, las bandejas son iguales, los uniformes son iguales, hasta las fregonas y los pivotes amarillos de “Mojado” para no pisar son iguales.
También te preguntan siempre si quieres más patatas o postre o café,… Las mismas técnicas para ver si cuelan algo más al cliente.
El personal – y la clientela – es en su mayoría extranjero. No suelen durar mucho. Tienen auténticos maccurros. Quizá por eso les disculpo a veces esa insoportable cara de asco que ponen algunos mediodías. Aunque luego vas por el mundo y ves otros macsitios de gente con los mismos salarios de mierda pero con una sonrisa amable en su boca y te preguntas porqué, porqué no me tocaría uno de esos para mi atún-pimiento.





