El día del vino tiene un primo hermano: el día del solitario.
Pero a diferencia del día del vino, el día del solitario huye del compadreo y la conversación de menú para refugiarse en la soledad de una esquina tranquila.

A algunos nos pasa que un día a la semana – si es posible – tenemos la necesidad de huir del contacto con la especie humana y esta sensación se da generalmente los lunes. Es un día poco social y en la oficina se respira esa pesadez, las palabras escasean y las llamadas hasta molestan. Nada que ver con los viernes, por ejemplo, en que todo son sonrisas, bromas y caras felices.

El día del solitario tiene muchas caras. La versión deporte, por ejemplo, de quienes compran el marca/mundo deportivo y disfrutan de lo lindo con todo el deporte del fin de semana. También está la de periódico más generalista – de pago o gratuito -, la versión restaurant o tupperware, la de bocata en las escaleras o parque, la de delante del ordenador,…

Es muy recomendable. Con moderación, por supuesto.

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